Soy Viviana Roulet

Hacia una Educación Consciente

Después de años de sentirme atrapada en un ciclo de automatismo y limitaciones impuestas por mis propias creencias, me enfrenté a la necesidad de desintoxicarme a todos los niveles: físico, emocional y mental. Descubrí que la verdadera sanación implicaba mucho más que cambios en la dieta; era un viaje profundo hacia el autoconocimiento y la aceptación de mis propias emociones. Mi lucha contra el cáncer de tiroides me llevó a comprender que las enfermedades eran mensajes de mi cuerpo, expresando lo que no podía decir con palabras. Decidí tomar las riendas de mi vida y comprometerme con mi proceso de curación, lo que significó salir de mi zona de confort y enfrentar conversaciones difíciles. Ahora, integrando conocimientos y experiencias desde la educación hasta el análisis transpersonal, estoy comprometida con mi crecimiento personal y con entender a los demás.
Hace algunos años, ya muchos han pasado, me encontraba en un estado de extrema fragilidad. Mis fuertes creencias actuaban como cadenas, limitando mi capacidad de tomar decisiones y actuar de manera coherente. Experimentaba una incomodidad profunda e insatisfacción a medida que mis rutinas y acciones me resultaban cada vez más molestas. Me di cuenta de que estaba atrapada en un ciclo de automatismo que estaba contaminando mi vida.
Fue entonces cuando reconocí la necesidad de actuar con responsabilidad hacia mí misma, de desintoxicarme. Descubrir en qué consistía fue parte de un proceso personal. Experimenté diversas situaciones que me llevaron a comprender que la desintoxicación iba mucho más allá de mi alimentación; implicaba una purificación total de mi entorno, pensamientos, actitudes y conductas. Reconocer y enfrentar mis emociones se convirtió en un gran desafío que iniciaba desde mi ser interior hacia afuera, de atrás hacia adelante. Esa era la dirección que debía seguir.
En este viaje interno, comencé a identificar patrones de comportamiento, emociones y actitudes que sentía ajenas, que no me pertenecían realmente. Descubrí el verdadero significado de la “herencia familiar” y entendí que los síntomas que experimentaba eran mensajes cifrados dentro de mi cuerpo, expresando lo que no podía comunicar verbalmente. Mi cáncer de tiroides fue una señal clara de años de silencio y dificultades para expresarme, enfrentando heridas profundas arraigadas desde mi infancia. La enfermedad sólo vino a mostrarme que el silencio me había deteriorado por dentro. Debía sanar si quería mi bienestar. 
Entendí que debía tomarme un tiempo para mí, de sumergirme en mi misma, de alejarme de todas aquellas creencias conscientes e inconscientes que estaban condicionándome. Tenia que conectarme conmigo, con mi esencia y recuperar coherencia emocional.
Comprendí que lo que realmente necesitaba era aprender a tomar las riendas de mi propia vida. Apostar a un cambio radical; me comprometí con mi propio proceso. Aceptando la enfermedad como un proceso de sanación.  Esto significaba salir de mi zona de confort, tomar decisiones difíciles y tener conversaciones incómodas tanto conmigo misma como con los demás.
Decidí transitar hacia una consciencia integrada, conociéndome a mí misma, en mis sombras y mis luces para luego comprender al otro, sin culpas, sin prejuicios y sin vergüenza. Acepté que el camino sería largo, pero estaba
determinada a recorrerlo en busca de mi plenitud y bienestar.
Así llegué a unificar conocimientos y experiencias, tomé herramientas en el camino, las integré, apoyándome en mi recorrido educativo, en donde me fui formando en el satisfactorio camino de la investigación, observando conductas y analizándolas, actualmente a través de herramientas transpersonales y transgeneracionales.